Los canarios se reúnen en los siguientes centros de emigrantes
HOGARCADO
Asociación Hogar Canario Dominicano
Av. 27 de Febrero #244, 2do Nivel
Santo Domingo
Distrito Nacional
República Dominicana
809-662-5208
809-688-8693
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CASA DE ESPAÑA Avenida 30 de mayo, Km. 10½
Santo Domingo
Teléfono: 537-1802 Ext. 221 y 222
Fax: 537-5700
http://www.casadeespana.com.do Email: casadeespana@codetel.net.do
Centro Recreativo Español
S. Pedro de Macoris
Centro Español, Inc.
Av Hispanoaméricana,
Canabacoa, Santiago, República Dominicana
Apartado Postal 472
Tel. (809) 724-6000 | Fax (809) 724-5785 centro@centroespanol.com
Centro Colonia Española
Baoba del Piñal Inc. María Trinidad.
Club Español Cultural, Inc. Constanza
REPÚBLICA DOMINICANA
Sección dedicada a la emigración canaria en la República Dominicana
ESPERAMOS COLABORACIONES, desde pequeños apuntes históricos o etnográficos,hasta artículos, anécdotas o agenda de actos relacionado con la emigración canaria en la República Dominicana.
No aceptamos colaboraciones racistas, xenófobas o difamatorias.
_______________________________
CARTA ABIERTA DESDE REPÚBLICA DOMINICANA
Desde Santo Domingo nos llega la siguiente carta de Lino Pérez Sierra, hijo de emigrantes de origen canario-cántabro. Este escrito, sobre el tema emigración, ha sido remitido a un grupo de autoridades españolas y canarias:.
"Santo Domingo, República Dominicana
15 de Julio del año 2008
Embajada de España en Republica Dominicana
Av. Independencia, 1205.
Ciudad
Atención a Sr. Diego Bermejo Romero de Terreros.
Embajador de España en Republica Dominicana
CC Presidente del Gobierno Español, Sr. José Luis Rodríguez Zapatero
Presidente del Gobierno de Canarias, Sr. Paulino Rivero Baute
Presidente del Congreso de los Diputados de España, Sr. José Bono Martínez
Presidente del Parlamento de Canarias, Sr. Antonio A. Castro Cordobez
Presidente del Parlamento Europeo, Sr. Hans-Gert Poettering
Distinguido señor,
Ante todo reciba un sincero abrazo del que suscribe y familia, pasando a explicar las razones de la presente, referidas a la necesidad de concienciar a los dirigentes europeos sobre la importancia de aplicar en nuestras políticas los valores fundamentales de la Solidaridad y Respeto a los Derechos Humanos, mas allá de las fronteras que nos dividen circunstancialmente.
Hijo de emigrantes españoles: padre cántabro, procedente de Reynosa - Santander- y madre canaria, natural de Vallehermoso, isla de La Gomera, - Islas Canarias-, nací en el municipio de Castillo, provincia Duarte, en la Republica Dominicana.
Mi padre arribó a la Republica Dominicana con su mano derecha destrozada por un proyectil durante la Guerra Civil Española y aquí nos dieron abrigo y comida, pero aun mas importante que eso, nos dieron solidaridad y calor humano. Desde niño crecí con las precariedades propias de un minúsculo pueblo del tercer mundo, con poco vestido, poca educación escolar y muchas dificultades para mal cubrir, apenas, las necesidades básicas. Eso sí, con mucha solidaridad de todo el pueblo. Cuando en casa no había comida le decían a mi padre "paisano, tome este peso para que coman y después me lo paga", o, cuando los dueños de la tienda me veían los zapatos rotos, me entregaban unos nuevos y me decían: "dile al paisano que me los pague con trabajo".
Aunque parezcan detalles insignificantes, este trato solidario hacia mi familia, personas humildes que solo pretendíamos echar para adelante a pesar de las adversidades, marcó una diferencia en nuestras vidas, haciéndola mas llevadera, pero sobre todo, marcó profundamente mi forma de ver el mundo y de relacionarme con las personas.
Ahora me considero una persona realizada, exitosa en mis proyectos familiares y de negocios, motivo por el que puedo asegurar por experiencia propia, más allá de un sentimiento neurálgico, que la solidaridad es fundamental entre los humanos si queremos seguir viviendo como tales, y, en lo que respecta a la emigración, he adquirido una visión de amplia perspectiva y plena conciencia de este valor que constituye la solidaridad, tan esencial, que en una escala de valores debe ocupar una posición cimera, muy por encima de otros supuestos "valores nacionalistas" con un gran componente de egoísmo xenofóbico, que los descalifica para siquiera entrar en esta categoría cualitativa.
Ahora que nuestras familias están en mejores condiciones, cuando vemos una familia de emigrantes en problemas, le tendemos una mano solidaria en lo que se pueda, consciente de lo que significa ser discriminado, excluido o ignorado. Por ello estamos trabajando estrechamente con el abogado canario residente en Republica Dominicana, Juan Francisco Carrillo Molina y un valioso equipo de colaboradores, formado por abogados, sociólogos, educadores, historiadores, profesionales de la salud, comunicadores y otros, mediante la Asoc. Hogarcado y la agrupación Hijos y Nietos de Españoles, en ayudar a los emigrantes canarios y de otras comunidades españolas en la Republica Dominicana.
Felicitamos con orgullo al Estado Español por el mérito que supone en este sentido el Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior, la Ley de Memoria Histórica, así como otras medidas y disposiciones de carácter humanitario que esta liderando José Luis Rodríguez Zapatero frente a la "mano dura" de algunos dirigentes comunitarios, independientemente de nuestras reservas sobre la efectividad y conceptos informantes de medidas como el Decreto de Retorno.
El brillante presidente Zapatero ha dado más de un paso más allá de las ideas preclaras que siempre ha expuesto sobre la emigración, cuando se ha referido a nosotros, los emigrantes y exiliados, como "personas que tuvieron que buscar en el extranjero nuevos horizontes de libertad y condiciones de vida que les fueron negadas en su patria", y ha agradecido que nunca hayamos renunciado a nuestras raíces, reconociéndonos nuestra contribución a la construcción de "la España de la prosperidad", asegurando que somos "motivo de orgullo y admiración" en nuestro país de origen.
Zapatero también ha destacado expresamente la "enorme generosidad" con que Latinoamérica recibió a los españoles, subrayando la importancia del "Estatuto de los emigrantes" aprobado por su Gobierno para garantizar el pleno ejercicio de sus derechos como españoles, no dudando en afirmar que "la altura de un país se mide en gran medida por cómo trata a sus compatriotas fuera de sus fronteras", referencia con la que estamos plenamente de acuerdo.
También queremos felicitar expresamente al Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, por liderar, con tan buen desempeño y a nivel de todo el Estado Español, el desarrollo de políticas y acciones en materia de emigración mediante el Plan Canario de Acción Integral en el Exterior, que comprende la cooperación directa de la Comunidad Autónoma de Canarias a través de un amplio abanico de programas y ejecutorias que contribuyen a optimizar los recursos empleados en beneficio de los emigrantes canarios.
Paulino Rivero y su equipo gubernamental, especialmente la Comisionada de Acción Exterior, Elsa Casas Cabello y la Viceconsejera de Emigración y Cooperación con América, Guillermina Hernández Martín, con el apoyo del Parlamento de Canarias, presidido por Antonio A. Castro, están luchando fuertemente por garantizar a todos los canarios que viven fuera de su tierra la misma calidad socio-sanitaria que existe en Canarias, por ello, además de promover la cultura canaria en el exterior, la Comunidad Autónoma de Canarias coopera eficientemente en temas tan importantes como pensiones, asistencia social, salud, vivienda, inserción socio-laboral y apoyo para el retorno a las islas con importantes partidas presupuestarias y una serie de programas que implican un considerable esfuerzo de recursos económicos humanos .
Otras comunidades autónomas están también inmersos en este tipo de lineamientos de cooperación con sus emigrantes, por lo que el presidente de Canarias Paulino Rivero esta haciendo convocatoria a una Cumbre de Comunidades Autónomas y el Gobierno del Estado para coordinar proyectos, especialmente los de carácter social y sanitarios.
Fuimos muchos los españoles y otros que estuvimos "en malas" o "en problemas" y recibimos solidaridad: canarios, cántabros, catalanes, asturianos, gallegos, andaluces, baleares, extremeños, murcianos, vascos, castellanos, aragoneses, valencianos, navarros, riojanos, pero también portugueses, ingleses, alemanes, franceses y prácticamente de toda Europa, que en algún momento de la historia reciente, por una u otra causa, necesitamos y recibimos solidaridad.
Soy hijo de dos banderas, la española y la dominicana, a las que debemos sumar la cántabra, la canaria y la europea, -proveniente del Consejo de Europa, organismo precisamente creado para defender los derechos humanos y promover la cultura e integración de Europa-, pero en mi corazón no existen fronteras. En mi infancia, les decía a mis compañeros de escuela que había nacido en "Castillo" porque los príncipes nacen en un castillo, ello debido a que a mí y a mi familia, como a otros muchos europeos en América Latina, nos han dado un trato que podemos calificar "de príncipes" si lo comparamos con otros lugares, permitiendo así desarrollar nuestras potencialidades.
No pretendemos, al contar esta anécdota infantil, que los europeos les den a los latinos tratamiento de príncipes, ya que nuestra adjetivación se refiere a cómo se siente una persona cuando se le distingue con atenciones, además de que la emigración es un asunto complejo desde cualquier punto de vista, pero sí abogamos por un trato a los emigrantes con las consideraciones especiales que el aspecto humanitario amerita, "a pesar de" los otros aspectos concurrentes.
Cuando se trata el tema de la emigración, algunos dirigentes de países y miembros del Parlamento Europeo deberían tener en cuenta, entre otras cosas:
1ro. Francia, Alemania, España y demás países europeos tienen una deuda histórica entre ellos, pero también con América y otros países del mundo, directa o indirectamente.
Por solo poner un ejemplo, la vanguardia del ejército que liberó París en la Segunda Guerra Mundial, estaba formada mayormente por exiliados "rojos" españoles. El 24 de agosto de 1944; a las 21.22 horas, llegaban a la plaza del Ayuntamiento de París varias dotaciones de la de la famosa IX Compañía del Regimiento del Chad. El zaragozano Martín Bernal, el madrileño Federico Moreno, el andaluz Montoya, el catalán Elías, el canario Campos y el valenciano Domínguez, hasta un total de 36 ex soldados del ejército republicano español. Los cuatro tripulantes franceses del Romilly completaban el destacamento, que, con toda justicia, llamaron los liberadores de París. Los primeros disparos que las fuerzas aliadas efectuaron en París se hicieron desde el blindado Ebro, mandado por el canario Campos y conducido por el catalán Bullosa. Por cierto que los aliados no cumplieron el acuerdo de ayudar a retornar la democracia a España.
Otro ejemplo es que a pesar de que armas alemanas mataron e hirieron a millones de europeos, incluido el padre del que suscribe, América Latina acogió a cuantos alemanes exiliados lo solicitaron, tratándolos como a sus propios nacionales.
2do.- El tema de la actual emigración latina y de otros países deriva eminentemente de la pobreza, circunstancia que tiene a su vez sus causas. Las naciones más poderosas pretenden hacer una llamada "lucha contra la pobreza" mediante programas que no llegan a resolver la problemática en cuanto al fondo, por cuanto ésta deriva mayormente del peor flagelo que azota a la humanidad actual, la corrupción.
Lo más lamentable de todo esto es que algunos políticos pretendan utilizar de forma mezquina organizaciones como la ONU simplemente para defender intereses unilaterales, sin buscar una solución profunda y sincera del problema que ocasiona la pobreza y por consecuencia la emigración, esto es la lucha contra la corrupción. La experiencia histórica nos dice que por más que usted ayude a cubrir las necesidades básicas de las personas, e incluso a producir riquezas en un país, si hay corrupción, habrá injusticia y, por tanto, la riqueza estará mal distribuida: unos pocos serán cada vez más ricos y muchos serán cada vez más pobres.
Dentro de estos últimos están los emigrantes, personas dinámicas en busca de mejor vida, no solo económicamente, sino en condiciones justas que les permitan desarrollarse como seres humanos. Personas dispuestas a aportar su fuerza de trabajo donde sea requerida con la esperanza de un futuro. No delincuentes, sino emigrantes que buscan refugio contra la pobreza ocasionada por la deficiente administración y boyante corrupción que impera –intocable- en sus países, aunque duela en el alma reconocerlo.
Por eso clamamos SOLIDARIDAD, agradeciendo sentidamente todos los programas de cooperación que generosamente nos brindan, pero debemos puntualizar lo siguiente: "La mejor ayuda que pueden brindar los países europeos a los pueblos latinos, resolviendo a su vez el problema de la emigración, es utilizar la credibilidad y solvencia moral de la ONU, e, inspirados en el principio de Defensa de los Derechos Humanos, enfocar sus esfuerzos en la LUCHA CONTRA LA CORRUPCION."
En la práctica, esto se podría conseguir creando los mecanismos internacionales para enjuiciar públicamente, -como criminales contra la humanidad, por las graves implicaciones más allá del aspecto económico que ello implica-, a los funcionarios y gobernantes de países del Tercer Mundo que cometan actos de corrupción, dado que los habitantes de estos países, aun siendo mayoría, carecen de los mecanismos socio culturales y jurídicos para auto defenderse, limitante que en los países desarrollados ha sido históricamente superado.
Concluimos solicitando a cuantas personas puedan influir, de una u otra manera, con la emigración a Europa, que tomen mi caso como un ejemplo más de las vueltas que pueden dar las vidas de las personas, sus familias y hasta naciones enteras, pero que por encima de todas las dificultades e "incomodidades" que ello pueda generar, donde quiera que sea, siempre debe prevalecer el valor humano de la solidaridad, empezando por el trato, que debe darse con la misma delicadeza y reciprocidad que nos gustaría recibir de los demás. Esto dignifica al ser humano que lo recibe, pero, cristianamente, dignifica aún más al que lo da. El maestro nos lo enseñó como Amor al Prójimo. No es casualidad que en respuesta a la pregunta que le hacen sobre cuál es el primero de los mandamientos, Jesús responde: El primero es: «Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas». El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No existe otro mandamiento mayor que éstos.» (Mc 12, 29-31).
Aun para los "no creyentes", la solidaridad, como la compasión o la misericordia, no es ni más ni menos que una manifestación de ese "Amor al Prójimo", sabio legado cristiano que ha cambiado la forma de entender nuestro rol en el mundo, a partir del cual podemos empezar a hablar del "Ser Humano" y de "Naturaleza Humana", hasta llegar a constituir el concepto "Humanidad", más allá de un mero paradigma, como parte consustancial de nuestra propia esencia, supuestamente tridimensional, Humanidad que, los políticos y no políticos, deberíamos ponernos de acuerdo, si por este tipo de cosas merecería, tal vez, ser preservada.
Atentamente,
Lino Manuel Pérez Sierra
Pasaporte Español No. XC173681
Asociación Hogar Canario Dominicano / Hogarcado
Agrupación Hijos y Nietos de Españoles en Republica Dominicana"
"
14.junio.2008
Conmovedor reportaje enviado desde República Domicana:
Don Roque Sierra, hijo de emigrantes canarios en República Dominicana cumplirá en agosto 98 años y continúa sin conocer Vallehermoso y Agulo (La Gomera, Islas Canarias), la tierra de sus padres.
Vídeo sobre la historia de la emigración canaria a Santo Domingo
Uno de los episodios más conmovedores y desconocidos de la historia de la emigración canaria es el referido al último viaje del barco España, un vapor comprado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en Irlanda, a mediados de la década de 1950. Un buque desvencijado que destinó a trasladar emigrantes españoles a la República Dominicana "para mejorar la raza".
A partir de los recuerdos del grupo de personas sobrevivientes a esa emigración, se narra la historia de los canarios en esa isla caribeña. Y no es poca historia, porque los canarios han llegado a Santo Domingo en todas las épocas: a veces para contener el avance francés, con asentamientos agrícolas y ganaderos; otras, surtiendo la capital de la isla con sus productos agrícolas y artesanales; en ocasiones, apoyando las luchas por la independencia o ejerciendo los puestos más altos, con buenos o malos resultados, como en el caso de Rafael Leónidas Trujillo Molina, nieto de canarios.
Actualmente, quedan pocos emigrantes canarios de primera generación en la República Dominicana; sin embargo, gran parte de los dominicanos tienen ascendencia canaria —casi siempre mezclada con otras etnias—, como es fácil de deducir de los apellidos (Santana, por ejemplo) y de las costumbres que aún se conservan.
Entre sus tradiciones, se puede encontrar el gofio, que continúa fabricándose en los hogares con pequeños molinos, y es consumido por los niños en la hora del recreo, como una golosina; el sancocho de las siete carnes, evolucionado a partir del puchero canario; etc.
En su folclore, se conservan las décimas y otros aires musicales, derivados de los sones canarios. Respecto a sus traiciones religiosas, está presente la Virgen de Candelaria, tanto en el culto católico como en el sincretista, conocido como vodú [sic], en el que aparecen las figuras de Candelina y de don Candelo.
La presencia en las Islas Canarias de una inmigración dominicana, presta a este documental una relevancia especial.
- El accidentado viaje del barco España desde Canarias a Santo Domingo.
-Las calamidades pasadas a bordo del España.
-Las calderas estallan, los oficiales disparan sus pistolas sobre ellas.
-El espectáculo del barco España en el Canal de la Mona.
-Historia de Rafael Leónidas Trujillo Molina y de su abuelo, nacido en Canarias.
-Rafael Leónidas Trujillo visita a Franco y a Pío XII, quienes le acogen y le bendicen.
-El presidente Trujillo ingresa a cientos de emigrantes canarios en campos de concentración. Varios canarios son acusados de comunistas.
-Cómo se terminó con la raza indígena en pocos años.
-La población de San Carlos de Tenerife y la Virgen de Candelaria. Candelina, Candelo y otras entidades de la religión sincretista en Santo Domingo.
-Los ritos del vodú [sic] dominicano y los canarios.
-Entrevistas a emigrantes canarios y descendientes en la capital y en poblaciones del campo dominicano.
-Entrevista al fiscal que llevó el juicio contra la tripulación del barco España.
-El sancocho dominicano y el puchero canario: dos alimentos con un mismo origen.
-La participación dominicana en la guerra de independencia de Cuba.
-Las 18.000 personas que mató en un solo día la policía de Trujillo, cortando sus cabezas con machetes.
-La muerte de Trujillo.
-El escritor Juan Bosch, elegido presidente.
-La ocupación estadounidense.
-La presidencia de Joaquín Balaguer.
-Las peleas de gallo y los bailes populares, en la actualidad.
-Vida, trabajos, venturas y desventuras de los canarios en República Dominicana.
Uno de los episodios más conmovedores y desconocidos de la historia de la emigración canaria es el referido al último viaje del barco España, un vapor comprado por el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en Irlanda, a mediados de la década de 1950. Un barco desvencijado que destinó a trasladar emigrantes españoles a la República Dominicana.
Estamos en el año 1955. Es el mes de mayo. El día 19 es domingo y una pequeña multitud llegada desde muchos rincones del archipiélago llena el puerto de Santa Cruz de Tenerife desde las seis de la mañana. Cien emigrantes suben a bordo del barco «Franca C» que pronto parte con destino a La Guaira.
Sin embargo, el gentío no se disuelve. Algunos grupos tocan timples y guitarras, formando animadas parrandas, mientras otros abren maletas de madera y sacan gofio que amasan en sus zurrones. El sol es de justicia cuando en muelle Sur atraca un vapor llamado España.
La gente se acerca al barco, sin dejar de tocar y cantar. En cubierta hay muchos jóvenes. Al principio saludan con sus manos y, poco después, sacan gaitas y comienzan a tocarlas para unirse a la música de los canarios. Se trata de un grupo de gallegos que junto a valencianos, asturianos y castellanos se dirigen a trabajar como agricultores en la República Dominicana. Trescientos emigrantes canarios los han esperado para emigrar hacia el mismo destino. Luego, los emigrantes peninsulares bajaron del barco y se lanzaron a conocer Santa Cruz. Es día de fiesta y la Calle del Castillo está desierta. Pronto la llenan los agricultores emigrantes que cantan, gritan y bailan, en grupos.
Aunque la salida estaba prevista para las doce del mediodía del día 20 de mayo de 1955, sólo a las 23.00 horas, el barco España comenzó a realizar las maniobras de desatraque en Santa Cruz de Tenerife. Ya en el muelle no se oían las gaitas, los timples ni las canciones, únicamente pañuelos, palpitantes como lágrimas, despedían a los familiares. A bordo, trescientos canarios partían como emigrantes con destino a la Republica Dominicana.
El barco abandonó lentamente la bahía, transportando 732 pasajeros procedentes de Castilla, Asturias, Galicia, Valencia (200) y Canarias (300 – 95 de La Palma – 61 de Gran Canaria – 1 de La Gomera – [175 de Tenerife, 50 de Gran Canaria – 75 de La Palma ]). Eran campesinos, excepto 25 maestros y un sacerdote. Según la prensa canaria, todos tenían una edad comprendida entre veinticinco y treinta años, pero eso no pasaba de ser otra de las innumerables mentiras que llenaban los periódicos de la época. En realidad, casi todos eran adolescentes menores de veinte años. Como afirma don Felipe Martín, uno de los que se embarcaron ese día:
“Yo vine a la edad de 19 años. Salí de mi casa faltándome diez días. Cumplí los diecinueve años en Tenerife.”
Según don Antonio Acosta:
“Vinimos de diecinueve años en el último viaje que dio el barco España. Fue la última emigración que vino. [...] Veníamos todos solteros. Venían tres mujeres que se habían casado con tres de la tripulación; no sé si había una valenciana y las otras dos no me recuerdo de qué sitio de España eran.”
Una de aquellas mujeres era una popular camarera que trabajaba en un cafetería de las inmediaciones de la Plaza de España, en Santa Cruz de Tenerife.
El buque pertenecía a la marina dominicana, iba tripulado por militares y, según la prensa de la época, desplazaba 3.000 toneladas, tenía 425 metros de eslora y 57 de manga. Los medios de comunicación tinerfeños habían colmado de elogios lo que no era sino un montón de chatarra, con el nombre de “Camberra”, comprada en Escocia, por Leónidas Trujillo, dictador y tirano de la República Dominicana.
Según el escritor Juan Carlos Díaz Lorenzo:
“[Era] un barco curiosísimo. Había sido un barco de construcción británica que había navegado con el nombre de Canberra en las líneas de Australia y que vino a Europa para hacer precisamente su última etapa como barco de la emigración española a la República Dominicana.
Tenemos que considerar como elementos importantes la coincidencia de regímenes dictatoriales, en aquella época, que permiten el traslado de emigrantes para el desarrollo agrícola de vastas y despobladas zonas de la República Dominicana. Y necesitaban un barco. Ese barco fue, insisto, el trasatlántico España.”
Trujillo había comprado el viejo vapor para vendérselo a la propia marina de guerra dominicana por una cantidad de dinero desorbitada. Este personaje, que se hacía llamar Generalísimo, había visitado España unos meses antes, invitado por el también Generalísimo Francisco Franco. El país lo conoció a través de los documentales del NODO, que se proyectaban en los cines obligatoriamente antes de cada película.
Ambos dictadores llegan a un acuerdo para enviar jóvenes españoles a trabajar en la agricultura y, de paso, blanquear la población dominicana, apareándose con sus mujeres.
La política de «blanquear» la raza no es nueva. Ya ha tenido lugar en Cuba, en el siglo XIX, y, antes aún, en la propia isla de Santo Domingo.
Según Abelardo Vicioso González, un escritor dominicano descendiente de canarios y ex fiscal militar de Trujillo:
“Él seguía la política que habían seguido otros gobiernos tradicionalmente aquí: mejorar la raza. De mejorar la raza... Traer blancos españoles trabajadores.”
Esto lo confirma el emigrante canario Ángel Velásquez, con esposa e hijos dominicanos, quien recuerda con ironía:
“Trujillo nos daba la tierra sembrada y todo. Éramos dioses los españolitos. Para que se casaran con las dominicanas y salieran muchachos más guapos. Eran feas, todas morenas, pues se casaban con las morenas y salían más guapos los muchachos.”
El Jefe, como conocían los dominicanos a Trujillo, había cambiado el nombre de Santo Domingo, la capital de su país, por el de Ciudad Trujillo. Hacia allí se dirigía el España, que debía tardar unos diez días, a una velocidad de quince nudos.
El capitán era Juan Beotegui Zamora, quien ordenó en Santa Cruz que se diera caza a cuantos polizones estuvieran a bordo. Así encontraron a un joven valenciano que se había escondido dentro de un barril y estaba cubierto de viruta. Fue de inmediato desembarcado y entregado a las autoridades. Lo mismo ocurrió con dos muchachos de Arafo que descansaban tranquilamente en el salón principal.
Los palmeros llegaron acompañados del cónsul dominicano en la isla, don Geo M. Conde de Lagen, y con los grancanarios iba don Domingo Hernández del Toro, con el mismo cargo en Las Palmas. El cónsul en Tenerife era por entonces, don Manuel Sánchez Laso. Antes de partir el barco, pronunció un encendido discurso de fraternidad hispanodominicana el representante personal del Generalísimo Trujillo, Manuel Fernández Cámara. Poco después de las once de la noche, el barco suelta amarras.
Los periódicos han dicho que el España es un vapor de lujo y los muchachos no tienen razones para dudarlo... hasta que suben a bordo. En palabras de uno de aquellos emigrantes, don Antonio Acosta Hernández:
“Veníamos seis en el camarote. Y los seis nos compartíamos lo que llevaba cada uno. Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.”
Los emigrantes canarios son campesinos que no han podido reunir el dinero necesario para embarcarse hacia otros países, como Venezuela, Argentina o Uruguay. Por esta razón aceptan partir hacia un destino incierto.
“¿Usted recuerda que antes no había emigración para fuera, que salían de noche, en Canarias, que salían así? Ahí no quedó casi un muchacho de las islas. Yo intenté tres veces salir de ahí y no pude. En la noche. Entonces salió esto para Santo Domingo, que le pagaban a uno todo y digo pues vámonos para allá, coño. Y vine aquí.”
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"Cuando nosotros íbamos a la policía a sacar los certificados de Buena Conducta, nos ponían muchos impedimentos. En La Palma había un [cónsul dominicano], en Tenerife había otro, en cada sitio había...
La misma policía no te decían nada delante de ellos, pero te llamaban:
–Mire, ustedes no saben para dónde van, dejen eso, no se vaya a ir... que por aquí, que por allí...
Yo me iba a salir de España desde los catorce años. El papá mío estaba en Venezuela, estuvo como cuatro o cinco años en Venezuela. Luego fue allá. Yo estaba preparando papeles. Tenía hasta el pasaporte y todo preparado para irme, pero me faltaba un contrato de trabajo porque era menor de edad y una gente que me protegiera allá.
En ese mes, él se fue, porque tuvo una enfermedad. Se vio enfermo de la cabeza y lo mandaron para allí. Y él me decía a mí: si tu hubieras llegado allá, yo no habría venido aquí. Digo bueno, pero no fue culpa mía, bueno.
Entonces cuando yo le dije a él que venía para Santo Domingo, dice:
–Mira, no te vayas a Santo Domingo, si tu quieres vete a Venezuela o a otro sitio que yo estuve en Santo Domingo como ocho horas o seis horas y no me gustó.
Tenía razón porque en Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,... Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra. Yo estoy hablando de esa época que no había más de un millón y medio o dos millones de habitantes.”
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Tan pronto zarpa el buque España, comienzan a aparecer ciertos signos desesperanzadores.
“La comida que nos dieron eran plátanos hervidos, plátanos sancochados y había que bajar abajo a la cocina. Hacia un calor...”
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
La juventud de los emigrantes y la pobre vida a que están acostumbrados en su propia tierra no les pone sobre aviso de lo que puede sobrevenirles en su aventura americana.
“Por qué a mí viniendo un niñito aquí, porque yo no trabajé en España. ¿Y si salí un niño? Porque usted no se dio cuenta, pero le habrán contado. Pero le habrán contado que cuando nosotros salimos la cosa no estaba fácil. Cuando yo salí de España ganábamos ochocientas pesetas, que usted no se podía poner ni una alpargatas.
La vida era con hambre. Mensual ganaba yo ochocientas pesetas en una finca. Diversiones... De 19 años de aquel entonces tenía pocas diversiones: ir al fútbol, ir a ver una película, y dormir.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Los pasajeros del vapor España, en aquel mes de mayo de 1955, no tienen apariencia de navegar hacia la desgracia y el jolgorio juvenil preside las primeras jornadas de la travesía.
"Veníamos luchando, otros cantando."
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
La largas horas de la travesía también son utilizadas para trabar conocimiento con los emigrantes peninsulares, pero, sobre todo, con los que provienen del resto de las Islas Canarias.
De la Gomera venía el señor ese que te digo que después se me perdió a los meses y no pude saber más de él. Era un muchacho joven, pero muy inteligente. Y él nos decía que se iba a tirar a hoteles en el medio americano. Sabía hablar su inglés. No sabía mucho de agricultura. Salió, se quedó en Santo Domingo y nosotros nos quedamos en el maldito campo.
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003).
El miércoles, 25 de mayo de 1955, mientras el barco España estaba en altamar, aparece en el periódico tinerfeño La Tarde el artículo siguiente,.
“Veinticinco años de la ‘era de Trujillo’
El gobernante que supo abrir para su patria los senderos de la paz, de la libertad y de la prosperidad
MADRID.-(Servicio especial de Argos).- La figura del Generalísimo Trujillo es sobradamente conocida de todos los españoles. Una personalidad insigne de Hispano-América en que parecen conden- Las mejoras de las comunica- [sic] representativas de nuestra raza.
Vuelve a estar de actualidad en estos días este eximio estadista que supo conquistar el corazón de todos los españoles durante su histórico viaje a la Madre Patria, precisamente porque en él adivinaba el pueblo español aquellas cualidades más hondamente arraigadas en nuestra idiosincrasia: sinceridad, nobleza de sentimientos, amor a la libertad y lealtad a unas ideas que son indeclinables porque constituyen la esencia de la llamada civilización occidental de cuyos valores la Hispanidad constituye la más pura reserva, conforme intuyó Keyserling.
Es estos días se cumple el XXV aniversario de la “Era de Trujillo”. Quizás a algunos lectores poco enterados de la transformación política y económica realizada en su país por este insigne estadista dicha denominación le parecerá hiperbólica.
Más [sic] para justipreciar la obra realizada por Trujillo será preciso conocer la situación de su país cuando advino al Poder, y establecer una comparación con la actual en que la República Dominicana ha alcanzado un grado de progreso económico social y estabilidad política que ciertamente sin la égida de Trujillo hubiera sido imposible.
No es, por tanto, desorbitado hablar de “Era Trujillo”. Los dominicanos bien lo saben. Más que una etapa de Gobierno o una época de Poder transitoria, Trujillo inauguró una verdadera era política para su Patria a la que trazó un derrotero de progreso, supo imponer la paz sobre la tempestad de las pasiones políticas e instaurar un orden sobre el torbellino caótico que la mantenían en un estado de inquietud y de zozobra casi permanentes.
Imposible es condensar con detalle dentro de los límites de un artículo periodístico la ingente obra política realizada por el Generalísimo Trujillo.
Su autoridad y su prestigio como gran patriota se orienta, en primer término al aquietamiento de las aguas encrespadas por las pasiones políticas y, cuando ha logrado este primer objetivo “sine qua non” para toda obra de reconstrucción y de progreso, emprende una profunda transformación agraria y sanitaria que ha hecho de su país uno de los más progresivos en estos aspectos.
Como todo caudillo que aspire a perdurar, el Generalísimo Trujillo se dá cuenta de que vivimos bajo el imperativo de lo social. Y así realiza una labor resuelta a favor de los obreros. Es una política no demagógica, sino de signo cristiano. Prefiere que el obrero lleve una vida más digna abriéndole el acceso a la propiedad de la tierra y de la vivienda. La obra benéfico-asistencial de Trujillo puede servir de modelo: hospitales, dispensarios, asilos, reformatorios, etc.
Al lado de la política social debe destacarse también, como un paradigma de todo buen gobernante, su preocupación por la Enseñanza y la Cultura, mediante una protección decidida por medio de becas a los estudiantes, ayuda a la Universidad y a todo lo que represente un estímulo para las nobles y elevadas actividades del espíritu.
Pero al mismo tiempo no descuida los problemas de orden material. El Ejército de la Republica Dominicana es uno de los más eficientes y disciplinados entre los países hispano-americanos y no en vano tiene como Jefe supremo a un glorioso militar que conoce a fondo todos los problemas de organización castrense.
Las mejoras de las comunicaciones, el crédito agrícola, la urbanización y el embellecimiento de las ciudades son también florones esplendentes de la magnífica obra de este gran estadista.
Los españoles no pueden olvidar su más acendrada virtud: el hondo, el entrañable, el sincerísimo españolismo de Trujillo. De ello ha dado pruebas en muchas ocasiones. Si es cierto que a los amigos se les conoce en los trances amargos no cabe duda que el Generalísimo es uno de los más leales y sinceros amigos de España.
La compenetración entre la Madre Patria y la República Dominicana –a la que bien podemos considerar como una de sus hijas predilectas– ha sido perfecta durante estos últimos años.
A ello han contribuido mucho las inspiraciones del generalísimo Trujillo certeramente cristalizadas en una cordial y fecunda labor diplomática realizada por su representación en España.
Actualmente preside la misión diplomática dominicana en nuestro país el Embajador don Rafael F. Bonell, rector de la Universidad de Santo Domingo, uno de los prestigiosos intelectuales más justamente consolidados en Hispano-América y que ha colaborado activamente –ha sido Ministro en varias ocasiones– en la extraordinaria obra política del Generalísimo Trujillo.
Próximamente se celebrará en Santo Domingo un magno certamen internacional que tiene un bello y expresivo lema: “Feria de la paz y confraternidad del mundo libre”.
A esta Feria tan bellamente titulada ha de concurrir España, que cuenta con terrenos cedidos expresamente en propiedad por la República Dominicana.
Tal es a grandes rasgos, el significado de esta conmemoración que tan jubilosamente celebra esta hija predilecta de la gran familia de la Hispanidad. Veinticinco años de la “Era de Trujillo”, un gobernante que supo abrir para su Patria el sendero de la paz, de la libertad y de la prosperidad, el Generalísimo Trujillo.
Valentín Bleya”
Todo parecía ir viento en popa. Nadie parecía barruntar desgracia alguna. No obstante, ese regocijo va a durar pocas horas más porque 24 horas después, en medio del océano, una de las herrumbrosas calderas de vapor se rompe. La situación adquiere tintes de dramatismo. Sus protagonistas lo cuentan así:
"Explotaron las calderas. El barco se fue a un lado. Nos mandaba la tripulación a todo el mundo para el otro. "
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"El barco España se dañó, ¿sabe? Y estaba... nos tiraban para esta borda y después nos decían ¡para la otra! El barco... Los tiburones abajo, locos por comernos. Eso es una historia... ¡Si se hubiera escrito la historia de nosotros!"
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Ahí murieron dos marinos, que sepamos nosotros, porque tuvieron que caerle a tiros a las calderas. Las calderas iban a explotar con todos.
Cuando van a reventar las otras calderas, el capitán ordena disparar contra ellas para liberarlas de la presión del vapor y evitar un naufragio seguro.
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"Entonces se dañó la comida porque explotaron unas caldera, se dañó la comida, se dañó el agua. El agua era salada, usted veía a la gente deshidratada, caminando y de buenas a primeras, bum, y se desplomaba la gente en el suelo."
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"El barco se llenó todo por dentro de agua, ahí no se sabía si era inodoro o era agua del mar o qué. Ya no había agua dulce. Estuvimos como tres días sin agua. Se acabó todo."
(Don Felipe Martín, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"Ese barco tuvo un accidente. Por poco se hunde el barco porque ni la Lloyd de Londres quiso asegurarlo. Fue un barco que compró Trujillo. No compró lo mejor. Por eso ocurrió ese accidente y fue a parar a una de las islas del Caribe. Conozco eso porque, ante la reclamación del Gobierno Español, Trujillo usó como chivo expiatorio al capitán del barco y al jefe de máquinas."
(Don Abelardo Vicioso González, ex fiscal militar)
Después de perder toda la comida y el agua, los pasajeros dependen únicamente de sus propios recursos.
"Habíamos algunos que estábamos mejores, porque tú sabes que siempre las mamás de nosotros, mayormente las españolas, cuando uno le llenan las maletas de comidas, de quesos y bebidas. Y entonces eso nos favoreció. Y cuando escaseó todo eso, nosotros teníamos comida
[...] Uno le daba al otro, de lo que no tenía, bueno y ahí nos mantuvimos.
[...] Venía el mismo Bernabé, uno que lo llaman Bernabé que es de Tijarafe. Otro que lo llaman Feliciano que creo que no haya muerto porque ese se fue pronto de aquí y luego de España se fue a Venezuela. Y cuando yo fui a España, hacía pocos días que había salido para Venezuela otra vez. No lo pude ver. Estaban Bernabé, Feliciano, otro que le dicen Abel que vive todavía en Los Llanos de Aridane. Ese es más chiquito, ese tenía como 17 años. Es el más joven que venía. Y yo. Veníamos nosotros cuatro y dos de Tenerife. Me recuerdo uno que era boxeador, bajitico y un hermano que tenía también. Éramos seis que veníamos en el camarote. Un camarote de esos de tres y tres en cada lado.
Y bueno, y ahí las pasamos, porque imagínese."
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
El capitán logra conducir un barco muy escorado y con los equipos de radio dañados hasta el trozo de mar que separa las islas de Puerto Rico y Santo Domingo.
"En el Canal de la Mona, que eso está entre aquí y Puerto Rico, estuvimos nosotros, no me recuerdo bien, pero yo creo que fueron como 24 ó 48 horas. Fondeado ahí porque ya no caminaba. Veíamos las luces de Puerto Rico. Eso es donde le dicen por aquí el Canal de la Mona.
Y ahí luego mandaron una avioneta de Puerto Rico, de esas de reconocimiento. Y ellos comenzaron a hacerles señas, y ahí la avioneta se fue a Puerto Rico. ¡Porque no había ni comunicación! Estábamos sin comunicación, sin nada. Cuando llegamos aquí, al otro día es que llegaron de Santo Domingo con un remolcador, dos fragatas de guerra, con otra fragata de agua también, de Puerto Rico mandaron dos fragatas de agua, y eso era una cosa. Eso era un desastre, muriéndose de la sed."
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
"Porque nosotros llegamos de milagro de Dios, porque el barco se rompió. Y en Puerto Rico nos quedamos ahí, a la desbandada. Y yo me acuerdo que cuando llegaron los americanos con la fragata con agua y eso, yo regalaba una botella de coñac por un vaso de agua. En España creían que el barco se había perdido porque no tenían noticias de nada."
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
El 4 de junio, catorce días después de haber zarpado el vapor España, la noticia llega a Canarias por el periódico La Tarde, donde puede leerse una nota muy confusa, en la que no se informa de la gravedad del suceso. Ninguna otra referencia aparecería en los periódicos del archipiélago.
“EL BUQUE DOMINICANO “ESPAÑA” SIGUE SU RUTA HACIA CIUDAD TRUJILLO.
AYER PIDIÓ SOCORRO POR HABÉRSELE AGOTADO EL AGUA DULCE DE LAS CALDERAS.
San Juan de Puerto Rico.– La gabarra de la marina portorriqueña “TW 485” ha salido de este puerto para auxiliar al buque de la República Dominicana “España”, de 17.000 toneladas, que esta madrugada se encontraba en difícil situación. Al parecer, el “España” ha perdido toda el agua dulce de sus calderas y se encuentra anclado a dos millas de las isla completamente anegado. El buque salió de España el pasado día 15, con rumbo a Ciudad Trujillo, llevando 930 personas a bordo (Efe).
SIGUIÓ VIAJE SIN NOVEDAD San Juan de Puerto Rico, 1.– Ha seguido la marcha por sus propios medios con dirección a Ciudad Trujillo, el buque España, que ayer tuvo que ser socorrido por varias embarcaciones que salieron del Puerto de San Juan, en vista de sus llamadas de socorro.– (Efe)”
(Periódico La Tarde, pág. 1, Santa Cruz de Tenerife, 4 de junio de 1955)
Tuvimos al morirnos por el viaje, porque el barco se dañó, se dañó ahí frente a Puerto Rico y estaba el barco casi al volcarse estuvo el barco.
(Don Antonio Gombla, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Fue el primer avión de reconocimiento. Después Trujillo mandó una fragata. Se creía que había una epidemia porque el barco estaba averiado y llegamos aquí a Santo Domingo. De aquí nos pasaron a otra fragata. Estaba averiada. Nos pasaron a otra. Entonces llegamos a Nagua. Eso está a doscientos y pico kilómetros de aquí.
(Don Ángel Velásquez, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
De ahí nos trajeron, nos llevaron remolcados a Santo Domingo, a la capital. Y ahí nos llevaron a la misa de la catedral.
La mañana del 4 de junio, el vapor España llega a Ciudad Trujillo, es decir, a la ciudad de Santo Domingo.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Allí decía un letrero antes de coger el barco para ir a donde fuimos nosotros. Había un letrero que decía: «El pez muere por la boca».
(Don Arturo Alfonso García, emigrante retornado, Tenerife, 2004)
En Santo Domingo lo que había era la (calle) el Conde, la Duarte, la Mella, sabes,... Santo Domingo era un puñito. La capital era casi la zona colonial, era un chingue de tierra.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
A cada emigrante sólo se le ofrece un vaso de leche y, después de la misa, son embarcados en la fragata 103 con rumbo al noroeste de la isla.
Y de ahí nos llevaron en tres fragatas de guerra a los canarios, los burgaleses y los gallegos a Baoba. Me recuerdo yo que la fragata que nos tocó a nosotros era la 102 o 103. Y nos llevaron y nos desembarcaron en Sánchez, que es un sitio que está antes de llegar a Samaná.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Al fin, por la mañana, llegamos a Sánchez. Un muelle de madera flotante. Y ahí fue una impresión bastante desagradable. Me acuerdo siempre que vi al alcalde, el llamado alcalde, descalzo. Una impresión bastante mala. Pero ahí fuimos aprendiendo. De ahí nos fuimos a la ciudad.
En la ciudad nos pagaron a 60 centavos diarios que salían al mes unos dieciocho pesos. Era de noche. Y de ahí fuimos a la colonia, la llamada colonia: Baoba del Piñal. Se decidía en varias colonias: estaba Baoba del Piñal, Cayita, en Bayita cayeron los valencianos, en San Rafael cayeron los burgaleses y en Santa María caímos palmeros y gallegos. Los de Tenerife cayeron en Vistadila, eran muchos y ahí cayeron. Y ahí empieza la historia. Bastante amarga y muy larga. Que no se puede contar porque es muy larga...
(Don Aureo Francisco, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Y de Sánchez nos metieron en guaguas y camiones y nos trajeron a Baoba del Piñal. Ahí llegamos de noche. Y de noche nos metieron a las colonias, donde estaban las casas.
Y cuando llegamos, la impresión que nos dio cuando veníamos de Samaná, que se rompió el vehículo donde nosotros veníamos y caminamos como un kilómetro a pie, y vimos eso por los lados. Muchachitos así, descalzos, desnudos, desnudos completamente, sin un trapo arriba. Tú veías eso y decías, ven acá, pero aquí hay gente salvaje todavía o eso porque eso era montería, cocos, cafetales, cacahuales... eso es lo que había, más no. Al otro día ya cogimos amistad y comenzamos a preguntar, a comentar y a indagar.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
Me recuerdo que metieron seis personas en cada casa. Al día siguiente era pleito va y pleito viene, porque algunos nos conocíamos, pero otros no nos conocíamos y siempre habían líos. Y a nosotros nos tocó, pues los seis que veníamos estuvimos juntos.
(Don Antonio Acosta Hernández, emigrante, Rep. Dominicana, 2003)
EL JUICIO
Después del naufragio del barco España, Rafael Leónidas Trujillo intenta cobrar el dinero a la compañía española con que, por fin, había asegurado el vapor, tras haber sido rechazado por la Lloyd inglesa. Su única alternativa, ante el calamitoso estado del barco, es acusar al capitán y a la oficialidad del desastre ocurrido.
Mis indagaciones en Santo Domingo, donde la mayor parte de las huellas documentales de este asunto parecen haberse borrado con el paso del tiempo, me condujeron a la casa de un personaje singular. Se llama don Abelardo Vicioso González. En su juventud fue fiscal militar del ejército de Trujillo y le tocó en suerte –mejor sería decir en desgracia– el caso del vapor España.
Don Abelardo reside en Santo Domingo y es un hombre mayor, con una enfermedad degenerativa que no le permite caminar y nuestras conversaciones transcurrieron con él sentado en una silla de ruedas, junto a una mesita donde estaba escribiendo una novela con personajes canarios en tierras dominicanas. Mi sorpresa no pudo ser mayor, sobre todo cuando me enteré de que sus abuelos habían sido canarios, venidos desde Puerto Rico, a raíz de la guerra de independencia de aquel país caribeño. La mezcla de estos canarios con otras razas africanas dieron como resultado este hombre de piel morena, inteligencia despierta y una memoria excepcional que me relató lo siguiente:
Conozco eso porque ante la reclamación del Gobierno Español, Trujillo usó como chivo expiatorio al capitán del barco, al jefe de máquinas... Les hizo un proceso. Un tribunal militar les condenó a diez años de reclusión. Pero ellos apelaron y yo era Fiscal del Consejo Superior de Guerra.
Cuando me llegó el expediente, yo me di cuenta de la verdad. Ellos no tenían culpa y como nadie me dio ninguna instrucción, yo pedí la absolución. El tribunal, compuesto por altos militares, se sorprendió de mi dictamen, pero como ellos tampoco habían recibido ninguna orden especial –y cuando yo pronuncié ese dictamen, toda la sala llena de marines, incluso el jefe de Estado mayor de la Marina, porque el juicio se hizo en la Base Naval, y ellos eran marineros, se levantaron dando vítores. Habían pensado que El Jefe los había perdonado.
Y el tribunal los puso en libertad. acogiendo el dictamen del fiscal. Y además le ordenaba al fiscal, a mí, que diera inmediata orden de libertad. Yo llegué a la Fortaleza Osama, redacté mi orden de libertad y se la entregué al oficial de retén. El oficial de retén mandó a sacarlos y bajaban todos ya con sus maltas cuando llegó el jefe de Estado Mayor del Ejército y preguntó:
–¿A dónde va esa gente?
El oficial de retén le dice:
–Van a sus casas.
–¿De orden de quién?
–De orden del fiscal.
–¿Qué fiscal?
–El teniente Vicioso.
–¿Dónde está el teniente Vicioso?
Yo no había querido irme porque sabía que iba a pasar eso. Me presenté.
–A sus órdenes, mi general.
–¿De orden de quién usted pone en libertad a esa gente?
–Por una sentencia del Consejo Superior de Guerra que me ordena ponerlos en libertad.
–¿Y dónde está el Presidente de ese tribunal¿
–Él estará ahí –también sabía lo que iba a pasar y se presentó a sus órdenes.
–¿Por qué usted da orden de libertad a esta gente que ha sido condenada por órdenes del Jefe.
–Acogiendo un dictamen del fiscal.
–¡Tranquen a esa gente otra vez, bajo mi responsabilidad!
Al otro día, el Jefe del Estado Mayor fue y se lo informó a Trujillo. Y supe que lo primero que dijo:
–¡Quiten al fiscalito ese, tranquen a esa gente y háganle otro juicio para que le pongan los diez años!
"Ahí se quedó la cosa. Para mí resultó bien porque me libré de la responsabilidad de ser fiscal. No me pasó más nada.
El presidente del tribunal era coronel, Lo degradaron a mayor y lo mandaron a la frontera. ¿Y sabe que a los tres años los pusieron en libertad? Trujillo los perdonó, los indultó. Y un día me encontré yo con uno de ellos en El Malecón. Y al verlo, me acerqué para saludarlo, y noté que él no me hizo caso. Como que no quería hablar conmigo. No sé si se pensó que era un gancho, no sé. Más nunca volví a verlo.
Esas eran las cosas de Trujillo, porque era un negocio. El compró ese barco barato, con el objetivo de vendérselo caro al Estado. Entonces, él había sido muy bien tratado en España. No sólo por Franco y la nobleza... hasta al pueblo le dieron permiso para que fuera a su recibimiento. A los obreros, a las escuelas. Él había sido muy bien tratado allá en España y quiso traer españoles."
Este proceso judicial significó para Abelardo Vicioso el final de su carrera como fiscal. El presidente del Tribunal tenía el grado de Coronel. Lo degradan a mayor y lo envían a la frontera con Haití, el peor y más peligroso destino para un oficial del ejército dominicano. Me contó más tarde el señor Vicioso que años más tarde iba él paseando por el paseo del malecón, en Santo Domingo, cuando reconoció al capitán del barco España. Alegrándose de verlo en libertad, se acercó a él con la intención de saludarlo; pero el marino no quiso aceptar su saludo y se alejó, dándole la espalda.