DÉCIMAS DE LOS ISLEÑOS DE LUISIANA

 

Calvin Melerine (q.e.p.d.) sostiene la escopeta que disparó su abuelo y causó la muerte al capitán de los forajidos texanos.

Las Décimas forman parte de la cultura de los Isleños de Luisiana. Junto a estas composiciones poético-musicales, los canarios han conservado un habla hermosísima, similar a la que se utilizaba en Canarias en el siglo XVIII.

Esta décima, recopilada por Frank Fernández, alude al conflicto generado entre el Juez Pérez (ver reportajes sobre Luisiana, en esta misma Web) y los isleños, en la década de 1920, cuando se intentó expulsarlos de sus tierras tradicionales de caza.

Pérez contrató a pistoleros texanos que atacaron a los isleños con rifles y pistolas. Sin embargo, éstos se defendieron con bravura y derrotaron al ejército del Juez, quien tuvo que huir por el Misisipi en una barca de remos, para evitar ser apresado por los canarios.

Me la cantó Irván Pérez, ya fallecido, una tarde de la primavera de 2005, miestras descansámos sentados en unas piedras cercadas al Camino de los Isleños que, en otros tiempos, servía a los canarios para llevar sus cosechas al mercado de Nueva Orleáns, en carretas tiradas por bueyes.

 

LA GUERRA DE LOS TEXANOS

Sí, señores, pongan atención
De lo que voy a contar
Cada vez que me acuerdo de aquel día
Me dan ganas de llorar.

Cada vez que me acuerdo de aquel día
De la guerra de los tejanos
Que vinieron a guerrear
A la isla de San Bernardo.

A mí no se me ha olvidado,
Pero a varios se le ha olvidado
El que tuvo la culpa de eso
Fue Pérez y Meraux.

Y nosotros ganamos la pleria
Se la dimos a Manuel Molero
Pero no cumplió con nosotros
Porque puso muchos extranjeros.

Y han mandado todo lo que ha habido
Por la causa de Manuel Molero
Y lo poco bueno que quedaba
Adam Ansardi se lo dio a los negros.

Y al pobre Johnny de Paul
Lo quitaron de la mapa
Lo mandaron a Bayou Pleto
A onde llamaba su contrato

Y me dijo en conversación
Que le faltaba no más que llorar
Cuando recibió las nuevas
Que no tenía onde trampiar.

Andaba pa’rriba y pa’bajo
Le faltaba no más que llorar
Con tantos pesos que uyo he pagado
Y no tengo onde trampiar.

José cobra en La Isla
En la Punta Hacha Adán
Y Juanillo el de Caco
Es el que cobra en el Picán.

Y al pobre Johnny Molero
Le dieron de la casa-escuela pa´llá
Y el no viene a su casa
A menos que lo manden a buscar.

Y con esto no conto más
De la guerra de los tejanos;
Si esto no se cambea

Adiós La Isla de San Bernardo.


Editado por Manuel Mora Morales
info@manuelmoramorales.com

 

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