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PERSONAJES CANARIOS EN LA EMIGRACIÓN
JUAN FRANCISCO DE LEÓN, REVOLUCIONARIO

JUAN FRACISCO DE LEÓN nació en la isla de El Hierro, la más suroccidental de las Islas Canarias, en el seno de una familia numerosa. Emigró a Venezuela en la primera mitad del siglo XVIII fijando su residencia en Caracas, en la zona de la plaza La Candelaria, donde vivió con su esposa Lucía García y tuvo una descendencia de 14 hijos, dedicándose a la agricultura del cacao. Fundó la población de Panaquire el 4 de marzo de 1734, en la región de Barlovento, en la provincia de Caracas. En 1744, el gobernador lo nombra comisario de la jurisdicción real del valle de Panaquire con facultad de hacer sumarias, prender personas y conocer de las causas civiles y criminales contra cualquier individuo. Este nombramiento lo lleva a residenciarse en forma permanente en el valle y le permite el descubrimiento de nuevas tierras hacia la zona de El Guapo.
La posición monopólica de la Compañía Guipuzcoana y los bajos precios que ésta impuso al cacao cultivado por los agricultores de Panaquire hizo florecer el contrabando, avalado por de León, como método para mejorar los ingresos y la calidad de vida de sus habitantes. Enterado de esta situación, el nuevo gobernador de la provincia, Luis Francisco de Castellanos (1747-1749), por sugerencia del factor de la Compañía Guipuzcoana Juan Manuel Goyzueta, designa el 7 de marzo de 1749 a Don Martín de Echeverría con el título de cabo de guerra y teniente de justicia de Panaquire. Buscando la aniquilación del contrabando de cacao, dicha designación desplaza a de León de su cargo, pero profundizando una desigualdad social existente en las colonias españolas de la época: canarios, pardos y mulatos eran relegados al último estrato social, en beneficio de vascos y castellanos.
Molesto por el nombramiento de un vasco como reemplazante suyo y temeroso de perder la relativa prosperidad que el contrabando traía a la región, Juan Francisco de León promueve un levantamiento en 1748 contra los intereses y el dominio monopolístico de la Compañía Guipuzcoana en cuanto al comercio del cacao, apoyado por la población barloventeña, compuesta mayoritariamente de esclavos, zambos, pardos y canarios, habiendo adquirido algunas armas y municiones a comerciantes holandeses de Curazao, naturalmente a través del contrabando de cacao. Luego de algunas acciones exitosas y un gran apoyo popular, entra a Caracas, provocando la huida de Echeverría, pero finalmente el gobernador Felipe Ricardos logra someterlo y el 28 de marzo de 1752 es enviado como prisionero a la prisión de la Carraca en Cádiz; allí Juan Francisco de León contrajo viruela y murió el 2 de agosto de 1752.
Declarado traidor por Felipe Ricardos, su casa en La Candelaria fue arrasada y sembrada con sal, para que ni la hierba creciese. El 25 de septiembre de 1753, y sobre sus ruinas, se colocó un padrón de ignominia que rezaba así:
«Esta es la justicia del Rey Nuestro Señor mandada hacer por el Excelentísimo Señor Don FPE RICARDOS. TTE. GENERAL DE LOS EJERCITOS de su majestad su Govr y CAPNA General de esta provincia de Caracas – con Juan Francisco de León, amo de esta casa, por pertinaz, rebelde y traidor a la Real Corona y por ello reo. Que se derribe y siembre de sal por perpetua memoria de su infamia.»
Este padrón fue demolido luego de declarada la independencia de España, en 1811, siendo posteriormente sus terrenos devueltos a los descendientes de Juan Francisco de León y su memoria exaltada, en homenaje a su lucha reivindicatoria por una sociedad más justa. Aunque su movimiento no fue de carácter independentista ni contrario a la autoridad del Rey de España, el fuerte componente social que tuvo lo convierte en un hito importante dentro de los antecedentes que posteriormente llevarían a la independencia de las colonias españolas en América
FRANK FERNÁNDEZ, MAESTRO

FRANK FERNÁNDEZ (1918-1999) nació en Delacroix Island, en San Bernardo Parish, Lousiana. Impartió clases como maestro y se dedicó a la investigación histórica, siendo nombrado Historiador Emérito de San Bernardo.
Frank Fernández fue la persona que estableció el vínculo entre los canarios de Luisiana y los de las Islas Canarias. Suyo es el mérito de que los Isleños de Luisiana sean hoy conscientes de su canariedad.
En la década de los sesenta, había en San Bernardo un hombre llamado Nano Díes. Poca gente lo recuerda. Había nacido en Delacroix Island, un sitio que no es una isla y que debe su nombre de “Isla” a que allí se asentó una comunidad canaria, es decir, isleña. Nano, como el resto de sus vecinos, pensaba justo lo contrario: que él era isleño o “islander” porque había nacido en la Delacroix Island (Isla de la Cruz). La memoria del archipiélago canario se había perdido.
La movilización que a partir de la Segunda Guerra Mundial se hizo de los isleños llevó a Nano Díes a convertirse en militar y a recorrer el ancho mundo. Allí se enteró de que sus vecinos cayunes estaban siendo aplaudidos por media humanidad, mientras que a los isleños no les aplaudía ni los mentaba nadie porque ni se conocía su existencia.
Cuando volvió a San Bernardo, se alistó en la policía, pero eso no impidió que debajo de su gorra siguiera dando vueltas la misma idea: ¿Tendrán los isleños una historia como los acadianos y las “décimas” serán parte de un folclore, en lugar de machangadas de viejos?
Pasó el huracán Betsy, en 1965. Otra vez, como en 1915 y en 1927, la Isla Delacroix fue destruida y reconstruida. Pasaron otras muchas cosas, como la Guerra de Vietnam, donde tantos isleños cayeron. Incluso, contra todo pronóstico, el malvado Juez Pérez murió de muerte natural. Y hasta el buenazo de Richard Nixon fue despedido a patadas de la Casa Blanca. Sin embargo, Nano Díes no había cambiado: seguía emperrado en su idea hasta que una mañana ya no aguantó más y se fue a hablar con la única persona que no lo llamaría loco cuando se lo contase. Frank Fernández.
No era difícil dar con él, porque allí se conocía todo el mundo. Frank era otro isleño cuarentón, nacido también en La Isla, en los alrededores del Bayou Terre-aux-Boef, en San Bernardo. Ejercía de maestro, antes de ser nombrado Historiador Emérito de San Bernardo, un interesante cargo existente en los países americanos que conlleva un sueldo y un trabajo de recuperación, divulgación y apoyo a la historia, la etnografía y la identidad de cada población. Este isleño fue un ejemplo de buen hacer en esa ocupación.
Pues bien, Nano habló con Fernández: le confesó cómo envidiaba la revolución musical y cultural de los acadianos, mientras se preguntaba por qué los isleños seguían acomplejados de su idioma español y de un origen cuya memoria tenían perdida. El maestro Fernández escuchó con respeto las cavilaciones de Nano Díes y le prometió trabajar en aquel asunto.
Unos cuantos investigadores conocían desde hacía décadas las raíces de la peculiar comunidad isleña, habían realizado algunos estudios de sus características lingüísticas e, incluso, tenían libros publicados sobre ellas, como el lingüista Manuel Alvar. Llegó a realizarse un documental por parte del musicólogo canario Lothar Siemen. Sin embargo, a los isleños de Luisiana no les llegaban noticias sobre esto y, por desgracia, las personas que habían sido objeto de encuestas o filmaciones no poseían suficiente cultura académica para darse cuenta de su significado y auténtica importancia. De manera que Frank Fernández tuvo que comenzar desde el principio.
Pronto confirmó que él y sus vecinos provenían de las Islas Canarias y que su habla no era un trasto inservible, sino un tesoro del siglo XVIII. Que sus comidas, como el caldo isleño, no eran bazofia sino manjares. Que sería posible recuperar la memoria y contactar de nuevo con sus hermanos del otro lado del Atlántico. Así lo hizo.
El efecto fue sorprendente: muchos de los isleños, con apellidos franceses, que hasta entonces sólo se atrevían a reivindicar con la boca chiquita la cultura cayún, declararon a los cuatro vientos que eran canarios. Desempolvaron los apellidos Acosta, Pérez, González o Morales y se los engarzaron a sus nombres ingleses como si fueran joyas.
Hasta los que llevaban apellidos franceses pronto se presentaron diciendo: “Me llamo Fulano Mengano, y mis apellidos isleños son Acosta y Morales”.
PARA SABER MÁS...
JUAN JAÉN DÍAZ, ESCULTOR

Don Juan Jaén Díaz (1909-2008) falleció en Venezuela el domingo, 1 de junio de 2008, a los 99 años de edad, el escultor grancanario.
Teniendo 15 años ingresó como alumno en la escuela Luján Pérez que entonces dirigía el pintor Juan Carló, aunque el verdadero maestro de Juan Jaén sería Eduardo Gregorio, más atento a la talla en madera, y que a la postre sería el sustituto de Juan Carló en la dirección de la escuela, cuando éste fallece en 1927.
Juan Jaén Díaz amplía su formación en Barcelona, gracias a una beca del Cabildo de Gran Canaria, estableciéndose en su ciudad natal hasta 1949. Ese año decide emigrar a América, tal como hicieron otros artistas (Juan Ismael, Pedro González y Tony Gallardo). Se instaló primero en Brasil, hasta 1954, y, a partir de esta fecha, en Caracas, donde encontró trabajo y consideración social impartiendo clases en la Escuela de Bellas Artes de la capital venezolana.
Su arte evolucionó dentro del indigenismo, desde su época de formación (que podemos considerar que llegó hasta 1936). Después, pasó por un periodo de síntesis formal (1940-60) hasta una etapa de cierta abstracción en la década de 1960. Entre sus obras hay que destacar las dedicadas a Andrés Bello, en el campus universitario de La Laguna, el busto al general independentista Miranda, hijo de canarios, en Puerto de la Cruz.
También la bailarina que está en el Hogar Canario de Caracas, frente a la biblioteca del club es obra de don Juan. Esta escultura fue donada por Inocencio Hernández, Presidente del Cabildo herreño.
Los restos de don Juan fueron incinerados en el Cementerio del Este, en Caracas, el lunes 2 de junio. Descanse en paz.
Enviado por don Antonio Álamo.
PORFIRIO TOLEDO TOLEDO, ACTIVISTA

Don Porfirio Toledo Toledo (1922-2008) era puertorriqueño e hijo de emigrantes canarios. Dedicó gran parte de su vida a poner en contacto a Puerto Rico con Canarias,tanto en el aspecto cultural como en el humano. Se le considera el Padre de la canariedad en América. Fallecido el 22.05.08
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IRVÁN PÉREZ, FOLKLORISTA

Mr. Irvan (Irving) Pérez (1922-2008) fue uno de los últimos decimistas de los Isleños de Luisiana. Grabó varios cassetes y ofreció conciertos en muchos puntos de su país y del extranjero. También era un buen artesano de la madera, sobre todo en la fabricación de patos. Su español era muy fluido y siempre luchó porque los niños isleños de Luisiana tuvieran la oportunidad de aprender el idioma de sus antepasados.
CHARLES ROBIN, ARTESANO

Mr. Charles Robin, "Charlito" nació y se crió en los bayous del río Misisipi, en Luisiana. Era descendiente de canarios y una de las últimas personas que han hablado el español del siglo XVIII de la comunidad isleña de San Bernardo Parish. Dedicó su vida a la pesca, a la caza y, una vez jubilado, se transformó en uno de los mejores artesanos de su país, construyendo maquetas de los barcos que usan los isleños para ir a la pesca del camarón o de la ostra. Su muerte fue causada indirectamente por el huracán Katrina, aunque haya acaecido cinco meses después del desastre.
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