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URUGUAY
Sección dedicada a la emigración canaria en Uruguay
ESPERAMOS COLABORACIONES, desde pequeños apuntes históricos o etnográficos,hasta artículos, anécdotas o agenda de actos relacionado con la emigración canaria en Uruguay.
No aceptamos colaboraciones racistas, xenófobas o difamatorias.
Vídeo sobre la historia de la emigración canaria a Uruguay
La película comienza contando la historia de Manuela Falcón, una viuda grancanaria, dueña de un
guachinche, situado en Santa Cruz de Tenerife.
Allí conoce al timonel del velero La Ballena, que
se dirige a Río de la Plata. Manuela logra coven
cer al piloto para que la embarque, junto a dos
amigas, como polizonas. El barco llega al actual
Uruguay, donde las canarias corren variadas
aventuras. Este relato verídico nos introduce en
una interesante historia migratoria, cuyo origen se
encuentra en Canarias.
Coincidiendo con el descubrimiento del Río de la
Plata, los primeros canarios se embarcaron con
destino a estos territorios de América del Sur que,
después de su independencia, serían conocidos
como Argentina y Uruguay.
No fue poca la intervención canaria, en la fundación y el desarrollo de estas amplias regiones de
Suramérica, donde los isleños llegaron a fundar
ciudades de la importancia de Montevideo, actual
capital de la República Oriental del Uruguay.
Este mismo país fue independizado por un hijo de
canarios, José Artigas, considerado como uno de
los grandes personajes del siglo XIX, por su hu-
manidad y su talante democrático.
El papel de la mujer en esta emigración se analiza
con detenimiento. Muchas canarias trabajaron en
el campo, en igualdad de condiciones que sus es-
posos; sin embargo eran censadas como “amas de
casa”, debido a su condición femenina.
De interés es el testimonio aportado por una emi-
grante canaria, de 99 años, que fue una de las costureras más cotizadas de Buenos Aires, con clien-
tas como Eva Duarte, esposa de Juan Domingo
Perón.
La presencia de numerosos molinos de gofio en
Uruguay, como el de Shuver Gualco, habla bien a
las claras de la importancia de la emigración canaria en un país donde “canario” y “gaucho” son
sinónimos.
Los últimos emigrantes canarios se embarcaron
para esta parte de América, en la década de 1950
y principios de 1960.
Un nutrido grupo de estos emigrantes han participado, desde finales del siglo XX, en el gran auge
que la viticultura está teniendo en Uruguay.
La historia de estos isleños es apasionante y se
aportan datos y curiosidades sorprendentes.
-Viaje de Manuela y sus amigas hacia Uruguay, a bordo
del velero La Ballena.
-Sus aventuras y desventuras en la ciudad de Maldonado.
-Primeros canarios en Argentina.
-Fundación y abandono de la población de Buenos Aires.
-Fundación de Montevideo.
-Alcaldes canarios en Montevideo.
-Los indios.
-José Artigas y la independencia del Uruguay.
-Las guerras con Argentina.
-La influencia de los canarios en Río de la Plata.
-Los canarios y Perón.
-La virgen de Candelaria y la virgen de Bonaria, patrona
de Argentina.
-Entrevista a una canaria de 99 años que fue modista de
Evita Perón.
-Entrevista a un canario que salió huyendo del régimen
de Franco.
-Entrevista a una famosa actriz, hija de canarios, en Buenos Aires.
-Los hogares canarios en Uruguay y Argentina.
-San Carlos, una población formada por canarios y azorenses.
-El pericón, un baile derivado de la isa canaria.
-Los canarios que viajaron de polizón.
-El Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires.
-Entrevista al Director del Hotel de Inmigrantes.
-La mujer canaria y la emigración a Río de la Plata.
-Entrevista a una especialista.
-Un colegio “canario” en el corazón de Montevideo.
-Coincidencias. Entrevista a un sacerdote católico.
-Los molinos de gofio en Uruguay y Argentina.
-Los canarios y “el corralito” argentino.
HISTORIA DE LA EMIGRACIÓN CANARIA A RIO DE LA PLATA
por Manuel Mora Morales (c) 2008
Capítulo 1
PRIMERA EMIGRACIÓN CANARIA. Siglos XVI-XIX
La zona de Río de la Plata, así denominada en los prolegómenos de la colonización, se dividió en dos países independientes hacia la segunda década del siglo XIX: Argentina, con una extensión de unos 3 millones de kilómetros cuadrados, y Uruguay, con 176.000 km2.
Desde fechas tan tempranas como las de 1534 se tiene noticia de que varios vecinos de Gran Canaria embarcaron con yeguas hacia Río de la Plata, junto al gobernador de este territorio. Con el mismo destino, en 1535, la expedición de don Pedro de Mendoza pasó por Tenerife, donde cargó víveres y enseres, y se sabe que varios isleños subieron a su nave.
Como en otros muchos lugares del vasto imperio con que contaba a principios del siglo XVIII, España necesitaba colonizar sus territorios en ambos márgenes del Río de la Plata. La monarquía borbónica estaba convencida de que no bastaban los fortines y los destacamentos militares para defender las zonas de Montevideo y Maldonado frente a las apetencias portuguesas. Era necesaria una “frontera viva” formada por colonos. La Corona recurrió de nuevo a gallegos y canarios, “gentes experimentadas en el cultivo de tierras difíciles”.
El 19 de noviembre de 1726, un barco que había zarpado semanas antes de Santa Cruz de Tenerife, llegó a una bahía privilegiada de la ribera norte del Río de la Plata, muy próxima a un monte pintoresco desde el que se divisaba toda la región y al que pronto llamarían Montevideo.
En el lugar sólo encontraron un destacamento militar, en el Fuerte de San José, cuya dotación vivía sobresaltada ante los peligros que siempre le acechaban. En aquel barco, llamado “Nuestra Señora de la Encina”, iban veinticinco familias canarias que, sin saberlo, serían las fundadoras de Montevideo, una ciudad que con el paso de los años se convirtió en capital de la República Oriental del Uruguay.
Fueron los primeros isleños, pero no los únicos arribados a estas tierras. Tres años después, otro barco, el “San Martín”, trajo a un nuevo grupo de colonos formado por treinta familias canarias, destinadas a aumentar la población de Montevideo.
Entre los recién llegados estaba una joven de La Laguna llamada María Rodríguez Camejo. Igual que sus compañeros de aventura, no tenía más expectativas que adaptarse a las condiciones de la nueva tierra y crear una familia, lo cual hizo. Años más tarde, aquella lagunera se convirtió en la abuela materna del general José Gervasio Artigas, líder y héroe de la independencia del Uruguay.
El primer alcalde de Montevideo, José de Vera y Perdomo, natural de Taganana, también llegó al Río de la Plata con los colonos iniciales, igual que José Fernández, nacido en La Palma y alcalde de segundo voto en el consistorio inicial de la ciudad, cuyo alguacil mayor también era canario: un lanzaroteño llamado Cristóbal Cayetano.
A su vez el primer obispo de Montevideo, monseñor Jacinto de Vera, de quien recientemente esta capital ha conmemorado el 120 aniversario de su fallecimiento, era hijo de emigrantes isleños. Sus padres procedían de Tinajo, en Lanzarote. El alumbramiento los sorprendió mientras viajaban de Canarias a América. El niño fue bautizado durante una escala del barco en Brasil, pero sus padres continuaron a Uruguay. Investido ya con el cargo de vicario apostólico de este país, fue el principal protagonista del famoso conflicto entre el poder eclesiástico y el civil de 1861. En 1878 accedió al primer obispado de la capital.
La lista de canarios insignes que ocupan un puesto destacado en la historia de la República del Uruguay es larga. Entre los más sobresalientes cabe citar a Agustín de Vera, nacido en 1842 también en el barco que traía a sus padres desde Canarias, como le sucedió a su pariente cercano, el ya mencionado monseñor Vera, y fallecido en 1918. Su nombre figura en un lugar significativo del arte rioplatense, porque fue el mejor grabador de la región. Tampoco podemos olvidar a Francisco Aguilar y Leal, natural de Santa Cruz de Tenerife donde nació en 1777. Fletó un barco en Arrecife, con 200 lanzaroteños a bordo, y se estableció en Maldonado, donde prosperó con rapidez. Participó activamente en la independencia de Uruguay y llegó a ser senador de la República.
Mención aparte merece el doctor Vicente Cabrera Pérez, nacido en la localidad lanzaroteña de Teguise en 1850. Alcanzó una gran popularidad por su disposición para atender a los enfermos durante las 24 horas del día si era necesario, especialmente durante las epidemias. Por las noches dejaba un candil encendido a la puerta de su casa, para que la gente supiera que se encontraba en ella. Como médico destacó, además, por sus esfuerzos para higienizar Montevideo.
Otro canario ilustre en la historia uruguaya, en esta ocasión procedente de La Orotava, fue Domingo Cullén y Guerrero. Formó parte de la sociedad de los Caballeros Orientales, una institución que encaminaba su esfuerzo a recuperar la libertad de la república durante la dominación brasileña. El Cabildo de Montevideo lo comisionó para entrevistarse con el gobernador de Santa Fe, al que habían decidido pedir ayuda para liberar al Uruguay. Gracias a su gestión se firmó un tratado entre la provincia de Santa Fe y el citado Cabildo.
Pero no sólo los intelectuales procedentes del Archipiélago han dejado su huella en el Uruguay. También lo hicieron centenares de campesinos y obreros anónimos.
¿Pero qué fue de la mujeres en esta época de fuerte migración, correspondiente a la segunda mitad del siglo XVIII? Exceptuando algunas expediciones de familias enteras, hombres viajaban solos a América. Eran solteros o recién casados, cuyas mujeres quedaban esperando su regreso. Un manuscrito contemporáneo a estos acontecimientos lo expresaba así:
“En todos estos lugares no se mira otra cosa que viejos y mujeres sin maridos, éstas y sus hijos llenos de miseria y casi pordioseando. Los campos sin menestrales y solamente cultivados por mujeres [...]”
Muchos de estos maridos olvidan a sus esposas y no regresan a Canarias. Otros los hacen después de décadas sin dar noticia alguna, ni siquiera una carta. No es raro que el emigrante contraiga segundas nupcias en el Nuevo Mundo, amparado por el escaso control de los documentos que entonces podía tenerse, a pesar de que se consideraba la bigamia como un delito. Existieron 57 denuncias de bigamia en las que intervino el tribunal de la Santa Inquisición Canarias y hubo también un obispo canariense que propuso impedir la emigración a los hombres casados que viajasen solos.
Montevideo había nacido como una ciudad amurallada para la defensa de un territorio. Una vez asegurada la posesión de éste, los nuevos vecinos desarrollaron en sus alrededores lo que los cronistas de la época denominan “faenas de campo y monte”. No obstante, la vida cotidiana solía verse alterada por conflictos entre los comandantes militares y las autoridades del Cabildo. Los colonos también sufrían ataques de los indios minuanes, aunque éstos fueron exterminados en 1728 en lo que hoy es la provincia de Entre Ríos.
La guerra de España con Gran Bretaña, entre 1776 y 1801, paralizó en buena medida la emigración canaria hacia Sudamérica, si bien es cierto se registraron algunos viajes hacia Montevideo con tinerfeños y lanzaroteños a bordo. Además, este conflicto bélico hizo que se prohibiera a los habitantes de Río de la Plata cualquier tipo de comercio con los ingleses. Esta medida ocasionó la ruina económica de la región y tuvo que abandonarse la recaudación de impuestos. La Corona no tuvo otra alternativa que transigir a que se comerciara con Brasil, lo cual levantó la economía.
Sin embargo, aunque ello fue bueno para los criollos no resultó igual para los intereses políticos españoles, quienes temieron que los hacendados y comerciantes locales tuviesen en sus manos demasiado poder e intentaron remediarlo depositando los cargos públicos en manos de personas nacidas en España. Para lograrlo se reactivó la emigración peninsular hacia Río de la Plata. También la migración canaria se avivó, a pesar de la recuperación del comercio de la barrilla y del aumento del precio del vino.
La reacción de los criollos rioplatenses ante la oleada de inmigrantes no se hizo esperar. El resentimiento fue creciendo y con él comenzó una crisis que habría de conducir a la independencia.
En 1810 de produjo otro aumento de la presencia canaria en la zona uruguaya, sobre todo con familias procedentes de Fuerteventura y Lanzarote. Sin embargo, las guerras continuas en la zona de Río de la Plaza propiciaron que muchos barcos cargados de emigrantes canarios de desviaran hacia Río de Janeiro u otras poblaciones brasileñas meridionales, donde se dedicaron a la compra venta de haciendas. Gran parte de este tráfico marítimo entre Canarias y Sudamérica estaba controlado por dos empresarios genoveses con pocos escrúpulos, conocidos como los Bachicha.
La mayoría de los canarios que viajaron a Uruguay, sobre todo entre 1830 y 1860 —el período de más intensidad inmigratoria para la joven República—, eran agricultores e iban acompañados por sus familias. Este aumento del número de emigrantes se debió a la ruina del mercado de la barrilla en las islas orientales. La situación en Canarias era bastante precaria, según se desprende de estas palabras sobre las causas de la emigración, debidas de León y Xuarez de la Guardia, en un manuscrito fechado en 1844:
“Intervenía el estado lastimoso del atraso de las islas; intervenía la repentina baja de sus vinos y barrillas, la quiebras de sus casas principales de comercio y en que se deshicieron con ellas mil fortunas particulares; ,la sequía por tantos años prolongada, principalmente en Fuerteventura y Lanzarote; la imposición en fin de contribuciones y gabelas [...].”